Que la Internet ha modificado la forma en que
producimos bienes y servicios, nos entretenemos y conectamos, es hoy por hoy
casi un lugar común.
Desde esta mirada, es
indispensable fortalecer habilidades que favorezcan la capacidad reflexiva de
la sociedad, la colaboración y la horizontabilidad en las relaciones sociales.
La naturaleza de estas tecnologías es que son inclusivas y complementarias y
por tanto por su capacidad de masificación son aliadas potenciales del
desarrollo productivo inclusivo y la cosa pública en el sentido más amplio del
concepto.Es importante hacer que la innovación florezca y su florecimiento ocurre en los niveles superiores del pensamiento.
Pero es también indispensable, que el estado se involucre en la formulación de políticas públicas que permitan por una parte incorporar a la era digital a todos los ciudadanos y por la otra, estimule alianzas para innovar en los procesos productivos y los servicios.
A modo de cierre, podemos señalar que por más que a veces por razones comerciales se exagere su potencial, las TIC no reemplazan la realidad física aunque sí pueden ayudar a modificarla. Pueden ser herramientas muy útiles, pero es preciso abordarlas desde la complementariedad, y considerar que su utilización en la mediación de procesos de aprendizaje, requiere capital humano competente en esta disciplina emergente. Es un proceso que ya comenzó y es por lo demás irreversible.
Aunque no pocas veces la información es utilizada
como sinónimo de conocimiento y éste último como sinónimo de comunicación, lo
cierto es que vivimos en una época saturada de información.
Sin embargo, si bien la Internet es hasta el
presente el medio más efectivo para democratizar
la información, desde el punto de vista del conocimiento, el desafío es
cómo transformar la información ya existente en nuevo conocimiento.
Sabemos que éste nace desde la reflexión y el análisis y que su
construcción se ve favorecida en ambientes democráticos y horizontales más que
en aquellos verticales. Pasar de la información al conocimiento, en entornos
virtuales, requiere ya no solo de acceso a la tecnología,
sino también de capital humano formado y en condiciones de conducir dichos
procesos.
En materia de utilización de tecnologías de
información y comunicación -TIC- para implementar procesos de integración
interna, el sector servicios se ha distinguido de los demás rubros de la
economía. Esto, acompañado al hecho de que las grandes empresas de nuestro país
disponen de mayores recursos financieros para invertir en capacitación y
formación de personas y por lo mismo es esperable que estén más familiarizadas
en el uso y aplicación intensiva de
tecnología para desarrollar capital humano. Si la mayor disponibilidad
de herramientas TIC mejora la comunicación al interior de las empresas
nacionales, es algo interesante de poder saber.
Cuando hablamos de las TIC, y las vinculamos con un
propósito, en este caso, la formación y la productividad, lo hacemos en un
contexto relacional que involucra, a lo menos, tres disciplinas: la propia tecnología,
las competencias y los procesos. La formación en estas variables requiere
tiempo, y por eso es preciso definir políticas que consideren ese elemento.
Con todo lo anterior en mente, nosotros asumimos
que el capital humano es el pilar de todo desarrollo. Por una parte porque el
desarrollo de capital humano altamente especializado se ha vuelto crítico para
el desarrollo de las propias empresas y del país; del otro, porque alcanzar ese
objetivo precisa acelerar ritmos en la formación y acortamiento de brechas de
ese factor. Acá es donde visualizamos a las TICs amalgamando esos procesos de
formación.
Pero es también indispensable, que el estado se involucre en la formulación de políticas públicas que permitan por una parte incorporar a la era digital a todos los ciudadanos y por la otra, estimule alianzas para innovar en los procesos productivos y los servicios.
A modo de cierre, podemos señalar que por más que a veces por razones comerciales se exagere su potencial, las TIC no reemplazan la realidad física aunque sí pueden ayudar a modificarla. Pueden ser herramientas muy útiles, pero es preciso abordarlas desde la complementariedad, y considerar que su utilización en la mediación de procesos de aprendizaje, requiere capital humano competente en esta disciplina emergente. Es un proceso que ya comenzó y es por lo demás irreversible.
Diciembre de 2014.
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