La moda 2.0
En Chile, dados a las modas, de
súbito se volvió todo 2.0. Es decir, interactivo, integrador, participativo y
horizontal. Esas que son en realidad las características del nivel de
desarrollo alcanzado por Internet, y que entró a la fama como la Web 2.0, poco
tenía que ver sin embargo con prácticas
sociales verticales existentes en
nuestro medio, pero que gracias a la moda, resplandeciente asume también las
oportunidades que le brinda la Web. Es que la Web también permite el gatopardismo.
La mala noticia es que ya
cambió. Internet, sometido a constante cambio por las millones de interacciones
al día, está permitiendo añadir metadatos semánticos y
ontológicos tal cual como los conocemos hoy en el modo en que Google y otros buscadores rastrean la información y
la procesan.
El efecto concreto del nivel de
interactividad alcanzado por las TIC les otorga a las personas un enorme poder
para el relacionamiento social. Nada más recordemos el impacto que tuvo en
Chile la emergencia de los estudiantes secundarios el año 2006, más conocida
como la “Revolución Pingüina”. Al fenómeno pingüino le dedicaremos unas líneas
más adelante, puesto que además de su alto impacto político, la característica
principal de estos procesos, ha sido la
masiva utilización de dispositivos digitales que hicieron los estudiantes para
coordinarse en medio del conflicto.
Internet como reflejo de la realidad física y material
Chile ha venido dando pasos
sustantivos en materia de infraestructura tecnológica desde la década de los
90: instalación de fibra óptica, telefonía fija y un crecimiento notable en
telefonía celular, para no mencionar la proliferación de computadores
personales tanto en los hogares como en las empresas, escuelas y universidades.
La Internet inalámbrica, el
cloud computing, y los dispositivos digitales a que ha dado lugar este avance amplían,
aun más, la conectividad y el poder relacional de las personas. Y, al igual
como ya lo hemos señalado, recomendamos tomar en cuenta los factores adictivos
y otros efectos como el aislamiento social potencial que pudiera ocasionar en
determinadas personas el uso ilimitado de estos dispositivos.
Con
todos los atributos y potencialidades que Internet posee, es un reflejo de la
realidad concreta en que se desarrolla. Así como por su naturaleza la internet queda a
disposición de todo aquel que disponga de computador con acceso a la Red, la misma sociedad en su articulación
discriminatoria y clasista, profundiza, reproduce y eterniza sus formas excluyentes y las
traslapa a otras formas de organización social y productiva que vienen
sustentándose en Internet.
Para
ilustrar lo anterior vamos a apoyarnos en dos datos oficiales. El primero,
publicado recientemente en La Tercera/Negocios/ páginas 12 y 13, del domingo 5
de julio de 2015, referido a una investigación encargada por el Gobierno de
Chile a través del Ministerio de Economía a la empresa F &K Consultores; el
otro, vamos a utilizar los datos que sobre Internet nos arroja el cuestionado
Censo realizado durante el gobierno de Sebastian Piñera, pero que al efecto de
este texto arroja luces sobre esta materia.
Brecha Digital:
Acceso y Uso
El
estudio aporta igualmente datos según zona geográfica. Así, por ejemplo,
siempre en términos de acceso, un 64.9%
de los hogares de zonas urbanas tiene acceso a Internet, mientras que a nivel
rural lo hace un 40.5% de los hogares. También nos proporciona un dato referido
a género y así tenemos que un 56 % de los hombres tiene acceso; mientras que de
las mujeres lo hace un 46 %.
Por otra parte, en materias
tales como el uso de estas tecnologías para fines educativos, el estudio nos
señala que mientras el quintil de más altos ingresos utiliza tecnología en un 39%;
el más bajo lo hace en un 24%, pero por otra parte, en servicios del tipo
trámites en línea, mientras el quintil más rico utiliza medios tecnológicos
para estos fines en un 44%; el quintil más bajo lo hace en un 9%.
Mientras algunos reduccionistas
quieren hacernos creer que basta con disponer de un celular para resolver el
tema de la inclusión digital, esa mirada
se cae sola al confrontarla con la utilización de tecnología digital con algún
propósito productivo, educativo o de
servicios, que es desde este punto de vista la mirada que es preciso
desarrollar hacia el futuro. Por de pronto, señalemos que desde la arista
digital, la sociedad es también reproductora de más desigualdad, como lo siguen
demostrando una y otra vez estudios e
investigaciones sobre brecha digital.
Nivel de Uso
Para
el propósito de estas líneas, ya en el Censo realizado bajo el gobierno de
Sebastian Piñera encontramos datos
reveladores respecto al estado del arte de los niveles de alfabetización
digital y usos de Internet alcanzados por el país en los últimos lustros.
De
acuerdo con ése CENSO, un 36.79% de los
habitantes mayores de 5 años de Chile, o sea, una cifra cercana a los 5.675.980 ciudadanos, “no puede buscar información
en Internet, ni escribir y enviar un correo electrónico”.
En términos sencillos, son
personas con acceso a Internet, pero en términos funcionales son analfabetos
digitales.
Más concretamente, y de
acuerdo con el nivel de penetración de estas tecnologías en la vida económica,
social y cultural del país, este 36. 79
% de ciudadanas y ciudadanos verá disminuidas sus posibilidades de crecer y
desarrollarse en el Chile concreto de hoy. De proseguir esa misma
tendencia, sin duda alguna lo seguirán
siendo en el país futuro marcado por la existencia de Redes digitales en la
producción y el comercio, los servicios y la educación.
Internet, bien público
La
incorporación a la era digital de ése poco más de 5.6 millones de chilenos,
corresponde asumirse desde la formulación de políticas públicas, antes que los
vicios y taras de nuestra sociedad, en su reproducción estructural excluyente,
consolide una situación de indigencia social apenas empezamos como país a rozar
la era digital.
Para prevenir un desenlace
cuyo único efecto será aumentar la brecha de desigualdad en nuestra
sociedad, una estrategia país de equidad digital requiere elaborar políticas públicas
que fijen una línea base que asegure
igualdad de acceso y uso productivo de este bien. Y lo hagan, tanto desde el punto de
vista de la relación social de las personas como así también desde su inserción
en el mercado laboral y que aplica, crecientemente, conocimiento a los procesos
productivos y a los servicios.
Avanzar en una política-país
de inclusión digital, supone definir a Internet y el acceso a banda ancha como
un bien público del mismo modo como antes lo fue el derecho a acceder a la red pública
de alcantarillado y agua potable, a la red eléctrica y telefónica. Una persona
excluida de Internet, hoy por hoy, queda a su vez excluida del progreso, de su
desarrollo personal y familiar y verá severamente afectada su inserción en la
sociedad.
También importa avanzar en la explotación del potencial de Internet como herramienta para el desarrollo de la cosa pública en su más amplio sentido. |
El acceso a Internet definido
como un derecho se justifica en la medida en que el desarrollo no es lineal. Tampoco
lo asegura el mero factor de crecimiento económico. Probamos lo anterior en
cuanto a que estos últimos 25 años, nuestra economía ha conocido niveles
bastante parejos en su crecimiento y aún así el país sigue sin resolver la
existencia de más de 34.000 familias o cerca de un millón de personas viviendo
en campamentos.
Conviene señalar por otra
parte que existe evidencia empírica proveniente de los países miembros de la
OECD en el sentido que quien carezca de las competencias mínimas requeridas
para manejarse con dispositivos digitales, corre el riesgo de quedar rezagado del
devenir económico y social e incluso más que eso, que se vea imposibilitado de
pedir ayuda.
Lo anterior derivado del hecho que el desarrollo alcanzado por Internet y su
penetración en las actividades humanas y su asimilación por parte de la
sociedad y sus instituciones, hace que ciertas operaciones de solicitud de
ayuda social ocurran ya mediante dispositivos electrónicos.
La provisión de servicios
sociales solo a través de medios digitales es una exageración. Sin embargo,
pensemos que en Chile, para abaratar costos, muchas empresas de servicios
dedican tiempo y recursos para derivar la atención al cliente desde la atención
personalizada hacia medios electrónicos. Esta es una suerte de fundamentalismo
digital que afecta mayormente a aquellas generaciones no habituadas a la
utilización de estos recursos y por tanto puede prontamente devenir en una
práctica excluyente.
La sociedad debe garantizar
servicios de calidad a las personas mediante distintos canales; una combinación
de canales electrónicos y presenciales. Aquéllos digitales deben ceñirse a
definiciones del tipo Diseño Universal, es decir, amigables y fáciles de usar
indistintamente del nivel de manejo de la tecnología digital por parte de los
ciudadanos.
Pero no solo importa el acceso
y uso de este bien, eso es lo mínimo. También importa avanzar en la explotación
del potencial de Internet como herramienta para el desarrollo de la cosa
pública en su más amplio sentido. Lo mismo podemos decir en el caso de aquellos otros elementos vinculados al
conocimiento, a la necesidad de desarrollar capacidad reflexiva en la sociedad y las
mejoras en los procesos productivos.
Tanto como es necesario
desarrollar una política de igualdad digital, que suba al carro de la
tecnología a las chilenas y chilenos excluidos por un modelo excluyente en su
génesis, también requiere invertir en la
formación de capital humano avanzado para poder aprovechar las ventajas de
Internet.
Dos Propuestas
Específicas de Inclusión en el ámbito Público
Internet
tiene como hemos estado viendo, amplias
aplicaciones en la vida de hoy. Desde ya en el ámbito público y considerando el
rol en la conexión de los municipios con la ciudadanía, existe un vasto campo
de exploración y aprendizaje en términos de participación ciudadana y
descentralización. Al ser Internet un ente descentralizado en sí mismo, a
través de sus múltiples herramientas de comunicación y aprendizaje se pueden
idear soluciones de consulta e interacción
con la comunidad tal como algunos municipios lo han venido haciendo. A
continuación tres propuestas en otros ámbitos:
1.- Salud,
utilizar plataformas tecnoeducativas de apoyo escolar a enfermos con
tratamientos prolongados en clínicas y hospitales públicos. Esto permitiría que
el tratamiento de la enfermedad no se convierta en un proceso que termine
aislando al paciente de otras
actividades esenciales para su bienestar y desarrollo tal como lo es sin duda
su educación, y que hoy, mediante coordinaciones entre los ministerios de Salud
y Educación involucrados, la tecnología existente puede ayudar a resolver en
beneficio de quienes se encuentran en esta condición.
2.- Voto electrónico. Aumentar
la participación ciudadana en los procesos electorales del país significa,
también, crear canales de participación por medios digitales que amplíen las opciones para que el ciudadano
pueda marcar sus preferencias. La opción electrónica puede ser una vía complementaria a la
modalidad presencial, que bien vale la pena explorar, máxime cuando nuestro
sistema de representación requiere generar canales de participación democrática
más amplios a los existentes hoy en día. El voto electrónico surge como una
opción a considerar, explorar y cotejar con países que ya han estado avanzando
en estas materias.
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