martes, 17 de noviembre de 2015

Parte II. Intermediación...



La moda 2.0

En Chile, dados a las modas, de súbito se volvió todo 2.0. Es decir, interactivo, integrador, participativo y horizontal. Esas que son en realidad las características del nivel de desarrollo alcanzado por Internet, y que entró a la fama como la Web 2.0, poco tenía que ver sin embargo  con prácticas sociales  verticales existentes en nuestro medio, pero que gracias a la moda, resplandeciente asume también las oportunidades que le brinda la Web. Es que la  Web también permite el gatopardismo.

La mala noticia es que ya cambió. Internet, sometido a constante cambio por las millones de interacciones al día, está permitiendo añadir metadatos semánticos y ontológicos tal cual como los conocemos hoy en el modo en que Google  y otros buscadores rastrean la información y la procesan.

El efecto concreto del nivel de interactividad alcanzado por las TIC les otorga a las personas un enorme poder para el relacionamiento social. Nada más recordemos el impacto que tuvo en Chile la emergencia de los estudiantes secundarios el año 2006, más conocida como la “Revolución Pingüina”. Al fenómeno pingüino le dedicaremos unas líneas más adelante, puesto que además de su alto impacto político, la característica principal de estos procesos, ha sido  la masiva utilización de dispositivos digitales que hicieron los estudiantes para coordinarse en medio del conflicto.

Internet como reflejo de la realidad física y material

Chile ha venido dando pasos sustantivos en materia de infraestructura tecnológica desde la década de los 90: instalación de fibra óptica, telefonía fija y un crecimiento notable en telefonía celular, para no mencionar la proliferación de computadores personales tanto en los hogares como en las empresas, escuelas y universidades.

La Internet inalámbrica, el cloud computing, y los dispositivos digitales a que ha dado lugar este avance amplían, aun más, la conectividad y el poder relacional de las personas. Y, al igual como ya lo hemos señalado, recomendamos tomar en cuenta los factores adictivos y otros efectos como el aislamiento social potencial que pudiera ocasionar en determinadas personas el uso ilimitado de estos dispositivos.

Con todos los atributos y potencialidades que Internet posee, es un reflejo de la realidad concreta en que se desarrolla. Así como por su naturaleza la internet queda a disposición de todo aquel que disponga de computador con acceso a la Red,  la  misma sociedad en su articulación discriminatoria y clasista, profundiza, reproduce  y eterniza sus formas excluyentes y las traslapa a otras formas de organización social y productiva que vienen sustentándose en  Internet.

Para ilustrar lo anterior vamos a apoyarnos en dos datos oficiales. El primero, publicado recientemente en La Tercera/Negocios/ páginas 12 y 13, del domingo 5 de julio de 2015, referido a una investigación encargada por el Gobierno de Chile a través del Ministerio de Economía a la empresa F &K Consultores; el otro, vamos a utilizar los datos que sobre Internet nos arroja el cuestionado Censo realizado durante el gobierno de Sebastian Piñera, pero que al efecto de este texto arroja luces sobre esta materia. 

Brecha Digital: Acceso y Uso

En el primer caso referido a la publicación del diario La Tercera y bajo el titular “Brecha Digital se triplica entre hogares más pobres y de mayores ingresos”, nos proporciona datos  objetivos y duros en el nivel acceso a Internet. De este modo, el estudio señala que “el 82% del quintil de mayores ingresos tiene acceso a Internet, mientras que en el otro extremo, en el quintil más pobre, llega sólo al 28% de los hogares”.

El estudio aporta igualmente datos según zona geográfica. Así, por ejemplo, siempre  en términos de acceso, un 64.9% de los hogares de zonas urbanas tiene acceso a Internet, mientras que a nivel rural lo hace un 40.5% de los hogares. También nos proporciona un dato referido a género y así tenemos que un 56 % de los hombres tiene acceso; mientras que de las mujeres lo hace un 46 %.

Por otra parte, en materias tales como el uso de estas tecnologías para fines educativos, el estudio nos señala que mientras el quintil de más altos ingresos utiliza tecnología en un 39%; el más bajo lo hace en un 24%, pero por otra parte, en servicios del tipo trámites en línea, mientras el quintil más rico utiliza medios tecnológicos para estos fines en un 44%; el quintil más bajo lo hace en un 9%.

Mientras algunos reduccionistas quieren hacernos creer que basta con disponer de un celular para resolver el tema de la inclusión  digital, esa mirada se cae sola al confrontarla con la utilización de tecnología digital con algún propósito productivo, educativo  o de servicios, que es desde este punto de vista la mirada que es preciso desarrollar hacia el futuro. Por de pronto, señalemos que desde la arista digital, la sociedad es también reproductora de más desigualdad, como lo siguen demostrando una y otra vez  estudios e investigaciones sobre brecha digital.

Nivel de Uso

Para el propósito de estas líneas, ya en el Censo realizado bajo el gobierno de Sebastian  Piñera encontramos datos reveladores respecto al estado del arte de los niveles de alfabetización digital y usos de Internet alcanzados por el país en los últimos lustros.

De acuerdo  con ése CENSO, un 36.79% de los habitantes mayores de 5 años de Chile, o sea, una cifra cercana a los  5.675.980 ciudadanos, “no puede buscar información en Internet, ni escribir y enviar un correo electrónico”.
En términos sencillos, son personas con acceso a Internet, pero en términos funcionales son analfabetos digitales.

Más concretamente, y de acuerdo con el nivel de penetración de estas tecnologías en la vida económica, social y cultural  del país, este 36. 79 % de ciudadanas y ciudadanos verá disminuidas sus posibilidades de crecer y desarrollarse en el Chile concreto de hoy. De proseguir esa misma tendencia,  sin duda alguna lo seguirán siendo en el país futuro marcado por la existencia de Redes digitales en la producción y el comercio, los servicios y la educación.

Internet, bien público

La incorporación a la era digital de ése poco más de 5.6 millones de chilenos, corresponde asumirse desde la formulación de políticas públicas, antes que los vicios y taras de nuestra sociedad, en su reproducción estructural excluyente, consolide una situación de indigencia social apenas empezamos como país a rozar la era digital.

Para prevenir un desenlace cuyo único efecto  será  aumentar la brecha de desigualdad en nuestra sociedad, una  estrategia país de equidad  digital requiere elaborar políticas públicas que fijen  una línea base que asegure igualdad de acceso y uso productivo de  este bien. Y lo hagan, tanto desde el punto de vista de la relación social de las personas como así también desde su inserción en el mercado laboral y que aplica, crecientemente, conocimiento a los procesos productivos y a los servicios.

Avanzar en una política-país de inclusión digital, supone definir a Internet y el acceso a banda ancha como un bien público del mismo modo como antes  lo fue el derecho a acceder a la red pública de alcantarillado y agua potable, a la red eléctrica y telefónica. Una persona excluida de Internet, hoy por hoy, queda a su vez excluida del progreso, de su desarrollo personal y familiar y verá severamente afectada su inserción en la sociedad.

También importa avanzar en la explotación del potencial de Internet como herramienta para el desarrollo de la cosa pública en su más amplio sentido.

El acceso a Internet definido como un derecho se justifica en la medida en que el desarrollo no es lineal. Tampoco lo asegura el mero factor de crecimiento económico. Probamos lo anterior en cuanto a que estos últimos 25 años, nuestra economía ha conocido niveles bastante parejos en su crecimiento y aún así el país sigue sin resolver la existencia de más de 34.000 familias o cerca de un millón de personas viviendo en campamentos.

Conviene señalar por otra parte que existe evidencia empírica proveniente de los países miembros de la OECD en el sentido que quien carezca de las competencias mínimas requeridas para manejarse con dispositivos digitales, corre el riesgo de quedar rezagado del devenir económico y social e incluso más que eso, que se vea imposibilitado de pedir ayuda.

Lo anterior  derivado del hecho que el  desarrollo alcanzado por Internet y su penetración en las actividades humanas y su asimilación por parte de la sociedad y sus instituciones, hace que ciertas operaciones de solicitud de ayuda social ocurran ya mediante dispositivos electrónicos.

La provisión de servicios sociales solo a través de medios digitales es una exageración. Sin embargo, pensemos que en Chile, para abaratar costos, muchas empresas de servicios dedican tiempo y recursos para derivar la atención al cliente desde la atención personalizada hacia medios electrónicos. Esta es una suerte de fundamentalismo digital que afecta mayormente a aquellas generaciones no habituadas a la utilización de estos recursos y por tanto puede prontamente devenir en una práctica excluyente.

La sociedad debe garantizar servicios de calidad a las personas mediante distintos canales; una combinación de canales electrónicos y presenciales. Aquéllos digitales deben ceñirse a definiciones del tipo Diseño Universal, es decir, amigables y fáciles de usar indistintamente del nivel de manejo de la tecnología digital por parte de los ciudadanos.

Pero no solo importa el acceso y uso de este bien, eso es lo mínimo. También importa avanzar en la explotación del potencial de Internet como herramienta para el desarrollo de la cosa pública en su más amplio sentido. Lo mismo podemos decir en el caso de  aquellos otros elementos vinculados al conocimiento, a la necesidad de desarrollar  capacidad reflexiva en la sociedad y las mejoras en los procesos productivos.

Tanto como es necesario desarrollar una política de igualdad digital, que suba al carro de la tecnología a las chilenas y chilenos excluidos por un modelo excluyente en su génesis, también  requiere invertir en la formación de capital humano avanzado para poder aprovechar las ventajas de Internet.

Dos Propuestas Específicas de Inclusión en el ámbito Público

Internet tiene como hemos estado viendo,  amplias aplicaciones en la vida de hoy. Desde ya en el ámbito público y considerando el rol en la conexión de los municipios con la ciudadanía, existe un vasto campo de exploración y aprendizaje en términos de participación ciudadana y descentralización. Al ser Internet un ente descentralizado en sí mismo, a través de sus múltiples herramientas de comunicación y aprendizaje se pueden idear soluciones de consulta e interacción  con la comunidad tal como algunos municipios lo han venido haciendo. A continuación tres propuestas en otros ámbitos:

1.- Salud, utilizar plataformas tecnoeducativas de apoyo escolar a enfermos con tratamientos prolongados en clínicas y hospitales públicos. Esto permitiría que el tratamiento de la enfermedad no se convierta en un proceso que termine aislando  al paciente de otras actividades esenciales para su bienestar y desarrollo tal como lo es sin duda su educación, y que hoy, mediante coordinaciones entre los ministerios de Salud y Educación involucrados, la tecnología existente puede ayudar a resolver en beneficio de quienes se encuentran en esta condición.

2.-  Voto electrónico. Aumentar la participación ciudadana en los procesos electorales del país significa, también, crear canales de participación por medios digitales  que amplíen las opciones para que el ciudadano pueda marcar sus preferencias. La opción electrónica  puede ser una vía complementaria a la modalidad presencial, que bien vale la pena explorar, máxime cuando nuestro sistema de representación requiere generar canales de participación democrática más amplios a los existentes hoy en día. El voto electrónico surge como una opción a considerar, explorar y cotejar con países que ya han estado avanzando en estas materias.

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