Tecnologías de
Aprendizaje para Educación Pública de Calidad y para Formación en puestos de Trabajo
Volviendo
al ya citado estudio sobre brecha digital que comentamos en páginas anteriores, permítaseme recurrir
nuevamente a él para hacer referencia a la relación tecnología-educación.
El
estudio en comento señala con respecto a la utilización de tecnología con fines
educativos, que su utilización por los distintos quintiles es más bien parecida
y escasa. Así, mientras el quintil I y II comparten un 23%; el III sube al 24%,
el IV lo hace en un 26 % y el quinto es el que a la sazón más la utiliza, con
un 39%.
Sin
embargo, comparando estos niveles de uso con otros indicadores de este mismo
estudio, como por ejemplo, obtener
información, en el que todos los quintiles
están por sobre un 90%; o entretenimiento,
con un uso sobre el 80% en todos los quintiles, resulta fácil comprender que el
uso de tecnología con fines educativos apuntado en el párrafo anterior, es más
bien bajo a nivel país.
Precisemos.
La tecnología no resuelve la calidad del aprendizaje, pero sin ella hoy por hoy
sin duda alguna lo dificulta.
Además, agreguemos que un país
con la geografía como el nuestro, podrá beneficiarse de la aplicación intensiva de recursos
digitales a la generación de
conocimiento. Estos recursos maximizan la capacidad de integración
atemporal, permiten resolver problemas de accesibilidad y conectividad
ocasionados por dispersión geográfica y, lo más relevante, optimizan el
intercambio y generación de conocimiento como factor determinante para el
desarrollo de ambientes que favorezcan la creatividad y la innovación.
Conviene
mencionar que a través de tecnologías de aprendizaje o también conocidas como
plataformas tecnoeducativas - o LMS – más capital humano especializado, la Red adquiere
un potencial extraordinario para impulsar procesos formativos, a cualquier
nivel y en cualquier dominio del saber humano.
Así se trate del ámbito educacional o su
aplicación en ambientes laborales, la utilización productiva de estos
recursos requiere del factor humano formado para atender tales procesos.
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Su ocurrencia, sin embargo, requiere de capital humano formado para
maximizar su uso, desarrollar en los estudiantes y profesores otras
competencias y habilidades; también nuevas metodologías instruccionales. Por
otra parte, más allá incluso de la herramienta que sostiene estos procesos,
también es preciso hacer mención al hecho que para que fluya el
aprendizaje y el saber en estos espacios, es necesario cultivar una relación
más horizontal y menos vertical, propio de nuestra cultura anclada en
paradigmas burocráticos y desactualizados.
Pero
señalemos que la sola formación del profesorado en las tecnologías de
aprendizaje involucra otros cambios. Quizá producto de la fama y fascinación que
generan los dispositivos digitales, su facilidad de uso y las potentes herramientas comunicacionales de las
Redes Sociales, junto con
la mercadotecnia que propician las empresas de telecomunicaciones, han tenido
el efecto de restarle importancia a la necesaria formación que es preciso
otorgar a quien requiera implementar procesos de enseñanza-aprendizaje a través
de medios virtuales. Así se trate del ámbito educacional o su aplicación en
ambientes laborales, la utilización productiva de estos recursos requiere del
factor humano formado para atender tales procesos.
Para qué?
La
formación de capital humano para conducir procesos de aprendizaje tanto a nivel
educacional convencional o formación ocupacional a nivel de trabajadores,
requiere del componente humano para agregar inteligencia que las máquinas no
agregan. Es más, desde esta visión, una relación productiva desde el punto de
vista formativo, ocurre cuando los actores involucrados en estos procesos
interactúan entre sí, generando comunidades colaborativas y solidarias en
ambiente virtual.
Somos
críticos de aquella metodología que abandona a su suerte a las personas en la
virtualidad, para que desde la soledad interactúen con las máquinas. Esa es una
forma de abonar en el espacio digital una concepción individualista y por demás
ineficiente. La tecnología hoy disponible permite el intercambio de
conocimiento a gran escala.
Internet y
Conocimiento
Visto en consecuencia Internet desde el punto de vista del
conocimiento, el desafío es cómo transformar la información ya existente en
nuevo conocimiento. Sabemos que este nace desde la reflexión y el análisis y
que su construcción se ve favorecida en ambientes democráticos y horizontales
más que en aquellos verticales.
En ambientes Web, pasar de la
información (que sobreabunda y a veces intoxica), al conocimiento, requiere
de competencias específicas. En lo
esencial, supone manejo de habilidades blandas además de las digitales, conocimiento experto y su
aplicación didáctica. Por lo menos desde la mirada que ofrecemos acá,
sostenemos que para modificar el conocimiento existente se requiere aplicar
pedagogía.
La formación por competencias
del factor humano que conduzca acciones
de mejora continua en procesos productivos o
formativos y de capacitación,
en ambientes virtuales, aparece en el
horizonte como una necesidad estratégica clave para Chile. Disponemos de
tecnología para avanzar, pero aún incluso considerando todos los avances
alcanzados por el país, seguimos careciendo
de capital humano formado para agregar valor a las actividades posibles
de sostener digitalmente. Esto ocurre en las empresas en mayor o menor medida,
pero en la esfera de la educación pública es una falencia crónica.
La tecnología cambia más rápido que nuestra capacidad por asimilarla
La
formación en Red aplica elementos pedagógicos y didácticos, tecnológicos y
comunicacionales, entre otras varias ciencias y competencias asociadas, lo que
implica una mirada multifactorial que permita maximizar su uso. Desde luego,
precisamos que es posible utilizar solo el recurso tecnológico, pero sin una
visión comprensiva de los factores que hemos señalado, lo más probable es que
obtengamos pobres resultados de aprendizaje y frustración para quienes
participan de una mala experiencia. Los países desarrollados ya vienen de
vuelta de estos asuntos; para qué seguir inventando el hilo negro.
La
formación por medios digitales en consecuencia no se improvisa y debemos asumir
responsablemente su complejidad. Vista desde el ámbito de políticas públicas, requiere políticas de Estado de corto, mediano
y largo plazo, sostenidas por una
Institucionalidad que la estructure en el tiempo. Ello no solo porque la
tecnología cambia más rápido que nuestra capacidad por asimilarla, sino que
junto con ello presiona por nuevas
metodologías y diseños instruccionales acordes a los medios que utiliza, en un
escenario donde las nuevas generaciones son más expertas en el manejo de estos
soportes que sus profesores.
Por
eso, además, si lo dicho no alcanzara
para enfatizar la necesidad de dotarnos como país de una Institucionalidad
robusta en términos de aprendizajes, recordemos que la era actual nos plantea
ahora mismo temas relacionados a brechas digitales intergeneraciones.
Nativos e
Inmigrantes Digitales
Al respecto, tendríamos que
señalar que si bien una generación tiene habilidades digitales al alcance de la
mano por haber nacido en una era en la que la tecnología es el “driver” de la
economía como dicen los gringos; otras generaciones nacidas antes de Internet,
poseen habilidades sociales más desarrolladas
puesto que, por ejemplo, estas últimas son habilidades que se adquieren
en la presencialidad que es por definición la característica de las
generaciones anteriores. Por eso es conveniente desarrollar una concepción flexible que
posibilite incorporar en nuestras actividades cotidianas las diversidades y
experiencias concretas que existen en nuestro medio.
Eso también es válido en
política. Ni los viejos son unos
inútiles, ni los jóvenes “la llevan” por
un factor puramente etario. Esa es una
concepción ideológica neoliberal, excluyente, porque su punto de origen es un
absoluto; cuestionamos los absolutos en un mundo y país cada vez más diverso y
plural.
El
hecho de tener acceso a estas tecnologías desde pequeño facilita su uso,
ciertamente. Pero digamos también que estos usos tienen distintas complejidades
y van planteando disimiles desafíos entre las diferentes etapas del desarrollo de la tecnología. Desde
luego, “estar dentro” facilita las
cosas, pero no es automático y requiere de prácticas culturales de aprendizaje
permanente y alfabetización continua. Además, requiere la implementación de una
política pública agresiva, orientada a entregarle las herramientas, conocimientos
y metodologías apropiadas a los profesores, perdón la insistencia, que son
quienes cargan con la responsabilidad de formar a nuestros jóvenes.
Estos puntos nos plantean dos
grandes desafíos. El primero de ellos, es que es necesario desarrollar en el
conjunto de la sociedad habilidades transversales del tipo cooperativo e integrador, que
permitan amalgamar las distintas realidades demográficas del país que se viene
configurando al alero de Internet y las tecnologías digitales.
El segundo, dotar al país de
una institucionalidad política moderna, para dotarlo de recursos jurídicos y normativos que nos
permitan como sociedad dar cuenta de los
fenómenos diversos que plantea la era digital en la que nos encontramos y que
proseguirá su curso inexorable según todos los antecedentes que aportan las
transformaciones en las distintas ciencias.
Quizá
por lo mismo habría sido conveniente para el país haber avanzado en fortalecer
una Institucionalidad para el enfoque digital de los procesos de
enseñanza-aprendizaje en el marco de la Reforma Educacional. Lo queramos o no,
la evolución de la tecnología digital y su apropiación por parte de las
generaciones jóvenes seguirá presionando al sistema educacional chileno. En
rigor, la evolución de la tecnología seguirá presionando a todas las
actividades humanas. Es nuestra opinión que la Reforma Educacional en curso
representó la ocasión propicia para abordarla, también desde el ángulo digital.
Internet e Intermediación Sociedad-Estado
Desde la interpretación que
tenemos de los fenómenos que Internet genera en las relaciones sociales y la propia
política, es que su irrupción ha venido progresivamente modificando la
intermediación clásica y convencional que existió en el país entre la trilogía Sociedad-Política Representativa-Estado.
La presentación en sociedad de
ese fenómeno en Chile, lo situamos en marzo-abril de 2006 al momento de
irrumpir en escena la Revolución Pingüina.
Lo situamos en ese hecho porque
es el momento en que aparece el primer gran síntoma de que la política
institucional iba para un lado y la sociedad para otro. No es sin embargo el
único episodio. Ya en la elección parlamentaria de 1997 apareció una abstención
y voto rechazo de más de un millón de votos, pero a diferencia de ese hecho,
que mostró un nivel incipiente de desafección de capas ciudadanas hacia la
política, la Revolución Pingüina tuvo continuidad en el discurso.
Agreguemos que si bien en estos
movimientos siempre existen hilos conductores que trazan militantes de partidos
y que se expresan consiguientemente en términos de ideas y propuestas al
interior de éstos, en términos de fenómeno político del Chile de hoy, lo distintivo es que el
movimiento que se inició en 2006, reaparece en 2011, conecta con demandas de
otros sectores sociales, entre los que se cuenta a importantes sectores medios,
impacta la agenda pública del gobierno de la época e influye gravitantemente en
la conformación de la Nueva Mayoría y el posterior gobierno de Michelle
Bachelet, que recoge en su programa varias de las demandas de esos sectores.
...el movimiento pingüino que se inició en 2006, reaparece
en 2011, conecta con demandas de otros sectores sociales, entre los que se
cuenta a importantes sectores medios…
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La característica de estos
segmentos jóvenes de la sociedad es que ganan en relacionamiento a partir de la
utilización de dispositivos digitales, que les sirven de intermediadores, para
coordinarse y construir propuestas y demandas sin necesidad de canalizarlas
casi exclusivamente a través de los
partidos políticos como lo fue en el pasado. La sorpresa de la política
institucional frente al fenómeno pingüino es parte de lo dicho, pero también lo
ha sido el desacople profundo entre “el
mundo social” y el “mundo político”, acompañado de un discurso individualista y
antipúblico que, convengamos, ha sido efectivo y con poco contrapeso desde los
tiempos de la dictadura hasta nuestros días.
En una entrevista en El
Mostrador a Rodrigo Márquez, Coordinador del Informe de Desarrollo Humano del
PNUD, del 24 de junio del año en curso, él utiliza la expresión la “Sociedad en Fila”, que le tomamos
prestada porque grafica la tensión y el distanciamiento cada vez más
hondo que se ha venido produciendo en el país entre la sociedad y las elites. Vale
la pena analizar aunque sea brevemente el por qué Internet anula el modelo de
relación vertical o de sociedad en fila al decir de Márquez, predominante en el pasado y cuestionado en el
Chile de hoy.
Sociedad en Red o Sociedad en Fila
En el pasado, debido al
desarrollo más precario de la sociedad y –era que no- debido al monopolio de
los poderosos de los mass media, los
partidos democráticos y progresistas
se apoyaban, además de sus militantes
insertos en los tejidos sociales, en sus folletos, periódicos y
excepcionalmente en la radio y la televisión, para llevar su mensaje.
Esta era una respuesta
relativamente funcional a las circunstancias materiales de un país que
transitaba desde un nivel de desarrollo semifeudal como el chileno hasta antes
de la Reforma Agraria, a otro que afanaba por la industrialización mediante la
sustitución de importaciones a partir de los gobiernos radicales de Pedro
Aguirre Cerda en adelante.a de capitalismo salvaje existentes en el país,
configuraron un cuadro de descrédito dl modelo vigte y que terminó por
arrastrar a la política y sus instituciones.
La izquierda chilena hasta el
golpe de estado tenía una fuerte tradición orgánica y de intermediación hacia
el Estado a través de sus parlamentarios, dirigentes sociales con presencia en
sindicatos y gremios. Más avanzada la década de los sesenta con las políticas
comunitarias impulsadas por el gobierno de Frei Montalva, ese espectro, casi
privativo de la izquierda chilena, se amplía a
formas de organización social urbana como las juntas de vecinos y otros
espacios territoriales producto del poblamiento de las grandes ciudades
intensamente desde la década de los sesenta en adelante.
La apertura de Chile a la
economía mundial a través de Tratados de Libre Comercio que propiciaron los
gobiernos de la Concertación, y que el
compañero Oscar M. Landerretche describe brillantemente en su texto “El Nodo”, proceso de apertura
que se da en un contexto de
globalización de la economía, proporcionan las bases materiales,
culturales, políticas y tecnológicas entre las que destaca Internet y las TIC -
sobre cuyos pilares se configura el
país en la forma que existe hoy.
Las nuevas generaciones de
ciudadanos chilenos surgen a la vida en ese encuadre. Son generaciones que se
incorporan a la vida ciudadana ya no solo como habitualmente los tilda la jerga Web de “nativos digitales”, en
contraposición a los “inmigrantes digitales”, en referencia a sus generaciones
anteriores, sino que además, objetiva y concretamente en el caso de Chile, se
incorporan a la vida de un país que pudo dejar atrás el trauma de haber vivido
y en muchos casos sobrevivido a una de las dictaduras más crueles conocidas por
la humanidad.
Nuestros nativos digitales, se
incorporan a la vida en sociedad beneficiándose de los adelantos tecnológicos
alcanzados por el país estas últimas décadas y colocan un reto importante al
sistema político institucional. El sistema político, por su parte, ha seguido
funcionando como si todo el país estuviera esperando que le bajen “la línea”
según convenciones y estilos pasados.
Sin embargo, la línea es solo
parte de muchas otras líneas que se entretejen en los espacios digitales principalmente, y eso es
debido a tres factores clave. Uno, a la infraestructura tecnológica disponible
en el país; dos, a que esa infraestructura permite sostener hasta el presente
las interacciones que se generan en ella en tiempos normales, porque para el
terremoto de 2010 sabemos que colapsó no debiendo haberlo hecho.
Tres, los temas estructurales
que forman parte del paisaje del país, agudizados durante la dictadura, y
acumulados durante el prolongado período de transición, sumado a los más recientes
abusos
del tipo La Polar, colusión de las farmacias, la colusión de los pollos
y el transporte interurbano, el lucro en la educación, el lucro de las Isapres,
la ganancia desmedida de la banca, las bajas pensiones y como si fuera poco
(porque ni el papel higiénico se salva) ahora último se descubre la colusión
del papel, es decir, las formas de capitalismo salvaje existentes en el país, configuraron
un cuadro de descrédito del modelo vigente, lo que incluye a sus bases
institucionales en las que se sostiene. Los soportes no han hecho más que servir de intermediación. Pero
también viralizar el malestar de la sociedad.
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