martes, 17 de noviembre de 2015

Parte III.- Intermediación



Tecnologías de Aprendizaje para Educación Pública de Calidad y para Formación en  puestos de Trabajo

Volviendo al ya citado estudio sobre brecha digital que comentamos en  páginas anteriores, permítaseme recurrir nuevamente a él para hacer referencia a la relación tecnología-educación.

El estudio en comento señala con respecto a la utilización de tecnología con fines educativos, que su utilización por los distintos quintiles es más bien parecida y escasa. Así, mientras el quintil I y II comparten un 23%; el III sube al 24%, el IV lo hace en un 26 % y el quinto es el que a la sazón más la utiliza, con un 39%.

Sin embargo, comparando estos niveles de uso con otros indicadores de este mismo estudio, como por ejemplo, obtener información, en el que  todos los quintiles están por sobre un 90%; o entretenimiento, con un uso sobre el 80% en todos los quintiles, resulta fácil comprender que el uso de tecnología con fines educativos apuntado en el párrafo anterior, es más bien bajo a nivel país.

Precisemos. La tecnología no resuelve la calidad del aprendizaje, pero sin ella hoy por hoy sin duda alguna lo dificulta.

Además, agreguemos que un país con la geografía como el nuestro, podrá beneficiarse  de la aplicación intensiva de recursos digitales a la generación de  conocimiento. Estos recursos maximizan la capacidad de integración atemporal, permiten  resolver  problemas de accesibilidad y conectividad ocasionados por dispersión geográfica y, lo más relevante, optimizan el intercambio y generación de conocimiento como factor determinante para el desarrollo de ambientes que favorezcan la creatividad y la innovación.

Conviene mencionar que a través de tecnologías de aprendizaje o también conocidas como plataformas tecnoeducativas - o LMS – más  capital humano especializado, la Red adquiere un potencial extraordinario para impulsar procesos formativos, a cualquier nivel y en cualquier dominio del saber humano.
                                                               
Así se trate del ámbito educacional o su aplicación en ambientes laborales, la utilización productiva de estos recursos requiere del factor humano formado para atender tales procesos.
Por eso, hoy no es casual que la era digital esté dando lugar a una infinidad de términos comunes  en materia educativa. Así, la distance education, Web-based Learning, el eLearning y últimamente el M-Learning y el U-Learning, acompañados de una docena de términos más, reflejan el mismo fenómeno: la red se convierte en una opción formativa complementaria de la educación presencial convencional, y bien llevada puede incluso superarla en términos cualitativos.

Su ocurrencia, sin embargo, requiere de capital humano formado para maximizar su uso, desarrollar en los estudiantes y profesores otras competencias y habilidades; también nuevas metodologías instruccionales. Por otra parte, más allá incluso de la herramienta que sostiene estos procesos, también es preciso hacer mención al hecho  que para que fluya   el aprendizaje y el saber en estos espacios, es necesario cultivar una relación más horizontal y menos vertical, propio de nuestra cultura anclada en paradigmas burocráticos y desactualizados.

Pero señalemos que la sola formación del profesorado en las tecnologías de aprendizaje involucra otros cambios. Quizá producto de la fama y fascinación que generan los dispositivos digitales, su facilidad de uso y las  potentes herramientas comunicacionales de las  Redes Sociales,  junto con  la mercadotecnia que propician las empresas de telecomunicaciones,  han  tenido el efecto de restarle importancia a la necesaria formación que es preciso otorgar a quien requiera implementar procesos de enseñanza-aprendizaje a través de medios virtuales. Así se trate del ámbito educacional o su aplicación en ambientes laborales, la utilización productiva de estos recursos requiere del factor humano formado para atender tales procesos.

Para qué?

La formación de capital humano para conducir procesos de aprendizaje tanto a nivel educacional convencional o formación ocupacional a nivel de trabajadores, requiere del componente humano para agregar inteligencia que las máquinas no agregan. Es más, desde esta visión, una relación productiva desde el punto de vista formativo, ocurre cuando los actores involucrados en estos procesos interactúan entre sí, generando comunidades colaborativas y solidarias en ambiente virtual.

Somos críticos de aquella metodología que abandona a su suerte a las personas en la virtualidad, para que desde la soledad interactúen con las máquinas. Esa es una forma de abonar en el espacio digital una concepción individualista y por demás ineficiente. La tecnología hoy disponible permite el intercambio de conocimiento a gran escala.

Internet y Conocimiento

Visto en consecuencia  Internet desde el punto de vista del conocimiento, el desafío es cómo transformar la información ya existente en nuevo conocimiento. Sabemos que este nace desde la reflexión y el análisis y que su construcción se ve favorecida en ambientes democráticos y horizontales más que en aquellos verticales.

En ambientes Web, pasar de la información (que sobreabunda y a veces intoxica), al conocimiento, requiere de  competencias específicas. En lo esencial, supone manejo de habilidades blandas además  de las digitales, conocimiento experto y su aplicación didáctica. Por lo menos desde la mirada que ofrecemos acá, sostenemos que para modificar el conocimiento existente se requiere aplicar pedagogía.

La formación por competencias del factor  humano que conduzca acciones de mejora continua en procesos productivos o  formativos  y de capacitación, en  ambientes virtuales, aparece en el horizonte como una necesidad estratégica clave para Chile. Disponemos de tecnología para avanzar, pero aún incluso considerando todos los avances alcanzados por el país,  seguimos careciendo  de capital humano formado  para agregar valor a las actividades posibles de sostener digitalmente. Esto ocurre en las empresas en mayor o menor medida, pero en la esfera de la educación pública es una falencia crónica.

La tecnología cambia más rápido que nuestra  capacidad por asimilarla

La formación en Red aplica elementos pedagógicos y didácticos, tecnológicos y comunicacionales, entre otras varias ciencias y competencias asociadas, lo que implica una mirada multifactorial que permita maximizar su uso. Desde luego, precisamos que es posible utilizar solo el recurso tecnológico, pero sin una visión comprensiva de los factores que hemos señalado, lo más probable es que obtengamos pobres resultados de aprendizaje y frustración para quienes participan de una mala experiencia. Los países desarrollados ya vienen de vuelta de estos asuntos; para qué seguir inventando el hilo negro.
  
La formación por medios digitales en consecuencia no se improvisa y debemos asumir responsablemente su complejidad. Vista desde el ámbito de políticas públicas,  requiere políticas de Estado de corto, mediano y largo plazo, sostenidas por  una Institucionalidad que la estructure en el tiempo. Ello no solo porque la tecnología cambia más rápido que nuestra capacidad por asimilarla, sino que junto con ello  presiona por nuevas metodologías y diseños instruccionales acordes a los medios que utiliza, en un escenario donde las nuevas generaciones son más expertas en el manejo de estos soportes que sus profesores.

Por eso, además,  si lo dicho no alcanzara para enfatizar la necesidad de dotarnos como país de una Institucionalidad robusta en términos de aprendizajes, recordemos que la era actual nos plantea ahora mismo temas relacionados a brechas digitales intergeneraciones.

Nativos e Inmigrantes  Digitales

Al respecto, tendríamos que señalar que si bien una generación tiene habilidades digitales al alcance de la mano por haber nacido en una era en la que la tecnología es el “driver” de la economía como dicen los gringos; otras generaciones nacidas antes de Internet, poseen habilidades sociales más desarrolladas  puesto que, por ejemplo, estas últimas son habilidades que se adquieren en la presencialidad que es por definición la característica de las generaciones anteriores. Por eso es conveniente  desarrollar una concepción flexible que posibilite incorporar en nuestras actividades cotidianas las diversidades y experiencias concretas que existen en nuestro medio.

Eso también es válido en política. Ni  los viejos son unos inútiles, ni  los jóvenes “la llevan” por un factor puramente  etario. Esa es una concepción ideológica neoliberal, excluyente, porque su punto de origen es un absoluto; cuestionamos los absolutos en un mundo y país cada vez más diverso y plural.

El hecho de tener acceso a estas tecnologías desde pequeño facilita su uso, ciertamente. Pero digamos también que estos usos tienen distintas complejidades y van planteando disimiles desafíos entre las diferentes  etapas del desarrollo de la tecnología. Desde luego,  “estar dentro” facilita las cosas, pero no es automático y requiere de prácticas culturales de aprendizaje permanente y alfabetización continua. Además, requiere la implementación de una política pública agresiva, orientada a entregarle las herramientas, conocimientos y metodologías apropiadas a los profesores, perdón la insistencia, que son quienes cargan con la responsabilidad de formar a nuestros jóvenes.

Estos puntos nos plantean dos grandes desafíos. El primero de ellos, es que es necesario desarrollar en el conjunto de la sociedad habilidades transversales  del tipo cooperativo e integrador, que permitan amalgamar las distintas realidades demográficas del país que se viene configurando al alero de Internet y las tecnologías digitales.

El segundo, dotar al país de una institucionalidad política moderna, para dotarlo de  recursos jurídicos y normativos que nos permitan como sociedad  dar cuenta de los fenómenos diversos que plantea la era digital en la que nos encontramos y que proseguirá su curso inexorable según todos los antecedentes que aportan las transformaciones en las distintas ciencias.

Quizá por lo mismo habría sido conveniente para el país haber avanzado en fortalecer una Institucionalidad para el enfoque digital de los procesos de enseñanza-aprendizaje en el marco de la Reforma Educacional. Lo queramos o no, la evolución de la tecnología digital y su apropiación por parte de las generaciones jóvenes seguirá presionando al sistema educacional chileno. En rigor, la evolución de la tecnología seguirá presionando a todas las actividades humanas. Es nuestra opinión que la Reforma Educacional en curso representó la ocasión propicia para abordarla, también desde el ángulo digital.

Internet e Intermediación Sociedad-Estado        

Desde la interpretación que tenemos de los fenómenos que Internet genera en las relaciones sociales y la propia política, es que su irrupción ha venido progresivamente modificando la intermediación clásica y convencional que existió en el país entre la trilogía  Sociedad-Política Representativa-Estado.

La presentación en sociedad de ese fenómeno en Chile, lo situamos en marzo-abril de 2006 al momento de irrumpir en escena la Revolución Pingüina.

Lo situamos en ese hecho porque es el momento en que aparece el primer gran síntoma de que la política institucional iba para un lado y la sociedad para otro. No es sin embargo el único episodio. Ya en la elección parlamentaria de 1997 apareció una abstención y voto rechazo de más de un millón de votos, pero a diferencia de ese hecho, que mostró un nivel incipiente de desafección de capas ciudadanas hacia la política, la Revolución Pingüina tuvo continuidad en el discurso. 

Agreguemos que si bien en estos movimientos siempre existen hilos conductores que trazan militantes de partidos y que se expresan consiguientemente en términos de ideas y propuestas al interior de éstos, en términos de fenómeno político del  Chile de hoy, lo distintivo es que el movimiento que se inició en 2006, reaparece en 2011, conecta con demandas de otros sectores sociales, entre los que se cuenta a importantes sectores medios, impacta la agenda pública del gobierno de la época e influye gravitantemente en la conformación de la Nueva Mayoría y el posterior gobierno de Michelle Bachelet, que recoge en su programa varias de las demandas de esos sectores.
...el movimiento  pingüino que se inició en 2006, reaparece en 2011, conecta con demandas de otros sectores sociales, entre los que se cuenta a importantes sectores medios…

La característica de estos segmentos jóvenes de la sociedad es que ganan en relacionamiento a partir de la utilización de dispositivos digitales, que les sirven de intermediadores, para coordinarse y construir propuestas y demandas sin necesidad de canalizarlas casi exclusivamente  a través de los partidos políticos como lo fue en el pasado. La sorpresa de la política institucional frente al fenómeno pingüino es parte de lo dicho, pero también lo ha sido  el desacople profundo entre “el mundo social” y el “mundo político”, acompañado de un discurso individualista y antipúblico que, convengamos, ha sido efectivo y con poco contrapeso desde los tiempos de la dictadura hasta nuestros días.

En una entrevista en El Mostrador a Rodrigo Márquez, Coordinador del Informe de Desarrollo Humano del PNUD, del 24 de junio del año en curso, él utiliza la expresión la “Sociedad en Fila”, que le tomamos prestada porque  grafica  la tensión y el distanciamiento cada vez más hondo que se ha venido produciendo en el país entre la sociedad y las elites. Vale la pena analizar aunque sea brevemente el por qué Internet anula el modelo de relación vertical o de sociedad en fila al decir de Márquez,  predominante en el pasado y cuestionado en el Chile de hoy.

Sociedad en Red o Sociedad en Fila

En el pasado, debido al desarrollo más precario de la sociedad y –era que no- debido al monopolio de los poderosos de los  mass media, los partidos democráticos y progresistas se apoyaban, además de sus militantes insertos en los tejidos sociales, en sus folletos, periódicos y excepcionalmente en la radio y la televisión, para llevar su mensaje.

Esta era una respuesta relativamente funcional a las circunstancias materiales de un país que transitaba desde un nivel de desarrollo semifeudal como el chileno hasta antes de la Reforma Agraria, a otro que afanaba por la industrialización mediante la sustitución de importaciones a partir de los gobiernos radicales de Pedro Aguirre Cerda en adelante.a de capitalismo salvaje existentes en el país, configuraron un cuadro de descrédito dl modelo vigte y que terminó por arrastrar a la política y sus instituciones.
En ese contexto marcado por el atraso,  las injusticias y precariedades que arrastramos desde nuestros orígenes, la intermediación de los partidos políticos de izquierda y sus parlamentarios ante el Estado tenía correspondencia con esa realidad y cobraba amplio sentido para los ciudadanos utilizar esos  canales para representar sus demandas.


La izquierda chilena hasta el golpe de estado tenía una fuerte tradición orgánica y de intermediación hacia el Estado a través de sus parlamentarios, dirigentes sociales con presencia en sindicatos y gremios. Más avanzada la década de los sesenta con las políticas comunitarias impulsadas por el gobierno de Frei Montalva, ese espectro, casi privativo de la izquierda chilena, se amplía a  formas de organización social urbana como las juntas de vecinos y otros espacios territoriales producto del poblamiento de las grandes ciudades intensamente desde la década de los sesenta en adelante.

La apertura de Chile a la economía mundial a través de Tratados de Libre Comercio que propiciaron los gobiernos de la Concertación, y que  el compañero Oscar M. Landerretche describe brillantemente en su texto “El Nodo”, proceso de  apertura  que se da en un contexto de  globalización de la economía, proporcionan las bases materiales, culturales, políticas y tecnológicas entre las que destaca Internet y las TIC - sobre cuyos pilares  se configura el país  en la forma que existe hoy.

Las nuevas generaciones de ciudadanos chilenos surgen a la vida en ese encuadre. Son generaciones que se incorporan a la vida ciudadana ya no solo como habitualmente los tilda la  jerga Web de “nativos digitales”, en contraposición a los “inmigrantes digitales”, en referencia a sus generaciones anteriores, sino que además, objetiva y concretamente en el caso de Chile, se incorporan a la vida de un país que pudo dejar atrás el trauma de haber vivido y en muchos casos sobrevivido a una de las dictaduras más crueles conocidas por la humanidad.

Nuestros nativos digitales, se incorporan a la vida en sociedad beneficiándose de los adelantos tecnológicos alcanzados por el país estas últimas décadas y colocan un reto importante al sistema político institucional. El sistema político, por su parte, ha seguido funcionando como si todo el país estuviera esperando que le bajen “la línea” según convenciones y estilos pasados.

Sin embargo, la línea es solo parte de muchas otras líneas que se entretejen en los  espacios digitales principalmente, y eso es debido a tres factores clave. Uno, a la infraestructura tecnológica disponible en el país; dos, a que esa infraestructura permite sostener hasta el presente las interacciones que se generan en ella en tiempos normales, porque para el terremoto de 2010 sabemos que colapsó no debiendo haberlo hecho.
Tres, los temas estructurales que forman parte del paisaje del país, agudizados durante la dictadura, y acumulados durante el prolongado período de transición, sumado a los más recientes  abusos   del tipo La Polar, colusión de las farmacias, la colusión de los pollos y el transporte interurbano, el lucro en la educación, el lucro de las Isapres, la ganancia desmedida de la banca, las bajas pensiones y como si fuera poco (porque ni el papel higiénico se salva) ahora último se descubre la colusión del papel, es decir, las formas de capitalismo salvaje existentes en el país, configuraron un cuadro de descrédito del modelo vigente, lo que incluye a sus bases institucionales en las que se sostiene. Los soportes no han hecho  más que servir de intermediación. Pero también viralizar el malestar de la sociedad.

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