martes, 17 de noviembre de 2015

Parte IV y Final, Intermediación



Política, Redes y Futuro

Como la mayor parte de los asuntos de la vida, vivimos en medio de una paradoja. Mientras por una parte pocas veces la sociedad había dispuesto de tantas herramientas para conversar, intercambiar puntos de vista, crear y recrear nuevos pensamientos, la política - y en particular la política institucionalizada - vive por otra parte  una de las crisis más profundas desde que recuperáramos la democracia para Chile.

Un país como el nuestro se construye desde la política e instituciones  validadas por la ciudanía. Es más, la política, en un país concreto como el nuestro, atravesado por la desigualdad, la exclusión y el abuso, y la existencia de una institucionalidad democrática precaria, requiere de la política, y de calidad, para avanzar en una perspectiva que permita ir consolidando un estado de derecho poderoso que cautele a la sociedad y  su convivencia pacífica y democrática. La política, desde esta visión, y a diferencia de las corrientes economicistas que ven las relaciones sociales a partir de indicadores inconexos entre sí, es el principal bien público de Chile: es el espacio privilegiado para que las mayorías hagan escuchar su voz y defiendan sus derechos e intereses.

Los últimos sucesos de corrupción, hacen replantearse la imperiosa necesidad de recuperar la política para expandir la democracia y ampliar los niveles de participación ciudadana en los asuntos de su propia incumbencia. Se combate la corrupción con mejor democracia y una institucionalidad fuerte y robusta, pero también con una ciudadanía activa y protagónica en la defensa de sus derechos.

Más que un asunto puntual, la valorización de la política democrática y la participación ciudadana es un tema estratégico y de supervivencia política para cualquier fuerza que se defina democrática, libertaria y transformadora. ¿Por qué?

Porque para avanzar en una perspectiva de cambios democráticos, es preciso superar el distanciamiento abismante que se genera entre lo político y lo social en las sociedades marcadas por la desigualdad. Mientras más desigualdad, mayor es el desapego de las instituciones políticas respecto de
la sociedad. Para decirlo en términos del lenguaje de hoy, la política queda circunscrita  al espacio de la  “cocina”, pero con la potestad de decidir en nombre de todos. Cuando la práctica política permanente es el cocineo, y se separa cada vez más del resto del país y su realidad, entonces llegamos a la crisis de hoy.

La división entre lo “político” y “lo social”, es un constructo que sirve como subterfugio para que un sector se arrogue la representación de la sociedad, a todo evento. Por eso, es preciso avanzar en profundidad democrática y eso significa dotarnos de una institucionalidad y prácticas políticas que permitan transferirles a los ciudadanos espacios de participación concreta y efectiva.

Las democracias avanzadas no solo que se han dotado de resguardos jurídicos y normativos para cautelar la corrosión que genera la corrupción en las relaciones sociales, políticas  y empresariales, poniéndole coto a los excesos del poder, sino que también han dotado a sus ciudadanías de mecanismos de participación que sirvan para rectificar el rumbo, cuando los asuntos públicos se ven teñidos por prácticas políticas corruptas. El plebiscito vinculante es una manera concreta y efectiva de ampliar la participación ciudadana en los asuntos públicos que le incumben.

Otro factor muy importante en dirección a avanzar en profundidad democrática, es la propia vida política al interior de los partidos y a su capacidad de interactuar con su entorno.

En ambos casos, la era digital y en especial las tecnologías de información nos proveen innumerables formas de interacción con la sociedad y al interior de los propios partidos. 

Conclusiones

En resumen, hemos tratado de mostrar el modo en que la evolución de Internet incide gravitantemente en nuestras vidas, y asimismo sostuvimos el poder de relacionamiento que sus herramientas comunicacionales permiten principalmente en los así llamados “nativos digitales”. Pero no son los únicos dado el nivel de penetración que dichas herramientas han alcanzado en nuestra cotidianidad.

También señalamos que Internet a través de sus múltiples aplicaciones puede generar adicción, lo que es visible y palpable en la propia vida cotidiana, del mismo modo como su plataforma es utilizada para cometer todo tipo de ilícitos. Como otra cara de la misma moneda,  presentamos datos duros acerca de que Internet es reflejo de la sociedad concreta en la que crece y se expande y por lo mismo dada la naturaleza excluyente de la nuestra, también presenta  síntomas de discriminación en sectores sociales. Avanzamos un par de propuestas concretas  a problemas contingentes de nuestra sociedad.

Existe un amplio campo de estudio e investigación respecto al impacto de Internet, la robótica y la emergente big data o el estudio analítico de la información, sobre el trabajo humano en distintas disciplinas si acaso no en todas. Estos poderosos procesos de transformación modificarán aun más las relaciones sociales y productivas y el modo en que concebimos el mundo. La política y su institucionalidad no podrán tampoco escapar a estos cambios.

Debido precisamente a los extraordinarios  avances de la tecnología digital, la búsqueda de mayor cercanía a la sociedad o a partes importantes de ella, se convertirá en uno de los ejes fundamentales de las organizaciones  políticas del futuro.

Las organizaciones políticas que emergerán de estos procesos de transformaciones profundas que vivimos, querrán conocer qué piensan los ciudadanos, cuáles son sus motivaciones y problemas. Eso que es el quid - en cualquier época- de cualquier organización política democrática que se proponga representar sectores sociales concretos,  en la era digital, en la que se modifican  los sistemas de representación por la existencia de múltiples otros canales de información y comunicación y por la proliferación de expresiones muy diversas y plurales entre las personas y en los cuerpos sociales, conlleva modificar el modo en que concebimos la realidad y abrirnos a concepciones políticas flexibles para conectar, aprender y compartir. En el marco de esa relación virtuosa será posible influir con propuestas y visiones. Esa necesidad ya está planteada hoy y será decisiva para el futuro.

A modo de resumen, a continuación, un punteo:

1.- Es preciso  asumir que la información y el conocimiento, están distribuidos en la sociedad vía Internet. Hoy esa distribución permite que cualquier persona con acceso a Internet y a las redes Sociales, pueda formarse una opinión o afirmar la que ya tiene y quedar conectada con cientos de otras. Parece del todo coherente sugerir  que  aquellas organizaciones autorreferidas y dueñas de la verdad les será difícil conectar con esta realidad distinta que ya ha generado Internet.

La información y el conocimiento distribuido modifican la forma de hacer política, entre otras. La política, entendida como el más preciado bien público de una nación que quiere crecer y desarrollarse en paz y armonía, pero también sin abusos ni exclusiones aberrantes, se ve objetivamente afectada por el desarrollo de la tecnología digital que ocurre en tiempo real y genera oportunidades de participación a gran escala. Internet acortó las distancias entre la toma de decisión y el impacto que dichas decisiones tienen sobre las personas y la sociedad y esta última ha ganado potentes herramientas que la han convertido en actor y protagonista de cualquier proceso de cambios.

2.- Es preciso  recuperar capacidad de desarrollar pensamiento creador como pilar estratégico de cara a los desafíos  futuros. Ello fundado en el hecho que la idea  democrática no se compra en ningún supermercado, se cultiva y nutre en procesos relativamente largos  de avances y retrocesos que no son lineales. Y eso se forma en el tiempo y en apego a la cambiante y siempre porfiada realidad. La generación de pensamiento creador requiere superar el pensamiento lineal y requiere, también, desarrollar habilidades didácticas y pedagógicas, en especial cuando de generar políticas públicas se trata. El pensamiento creador es un proceso esencialmente social y en equipo, requiere generación de habilidades colaborativas y ambientes transversales u horizontales para regenerarse.

3.- La actividad política no puede entenderse sin la más profunda democracia y pluralismo. Sin su existencia es imposible asegurar la soberanía de la ciudadanía en las distintas etapas del devenir económico, político  y social del país. Garantiza el derecho de cada uno a organizarse social y políticamente, y a luchar  en forma democrática por su particular ideología, por su visión de mundo, por sus posiciones políticas y por sus intereses. Internet, en tanto que infraestructura abierta y descentralizada es un aliado natural del cambio democrático y transformador.

4.- Una concepción democrática plena, significa la posibilidad cierta de avanzar en conquistas de nuevos espacios de igualdad y de dignidad individual y nacional. Desde ya plantea la necesidad de  construir mayorías para avanzar en la consolidación de un estado social de derechos, que garantice a toda persona el respeto a su dignidad como productor de riqueza, como ciudadano, de  género y opción sexual sin más requisito que su propia condición de persona humana nacida o avecindada en el ámbito de nuestro territorio, lo que incluye en igualdad de derechos a las decenas de miles de chilenas y chilenos víctimas de las políticas de la dictadura militar que debieron abandonar nuestro territorio.

5.- Debemos favorecer la generación de nuevos conocimientos. Porque  para que la política florezca debe darse en el espacio de las ideas y para que haya ideas debe haber confrontación de ideas con base en una concepción democrática, tolerante, capaz de aceptar, mejor si genera condiciones para  integrar las existentes y facilitar el florecimiento de nuevas y mejores ideas.

La política, en su versión pura y descarnada de “poder por el poder” es contraria al ideario democrático y transformador de la realidad en la que se inserta, porque se vuelve autorreferente cuando su único propósito es el ejercicio del poder a secas. Es más, degenera de sus propósitos iniciales por nobles que éstos sean  ya que al buscar la reproducción pura del poder por el poder y al enamoramiento que le generan sus  propias verdades, su  horizonte se vuelve hacia la generación de redes clientelares para subsistir y de allí a la corrupción y la decadencia moral, un paso.

6.- Debemos plantearnos superar la ideología neoliberal y el individualismo exacerbado que ha generado, y que además  ha probado ser una ideología corrupta y corruptora, que niega al ser humano como ser social, sometiéndolo al aislamiento y la enajenación hasta desecharlo como cualquier otra mercancía. El ideario y la  acción política democrática debe en todo momento  guiarse en función de integrar aquello desintegrado por el neoliberalismo en su configuración individualista y segregadora ya sea en la relación entre personas como entre éstas y el medio ambiente.

7.- Política y Sociedad, la acción política democrática es contraria al autoritarismo y verticalismo, porque así como tiene visiones que compartir, también se nutre del devenir de la realidad concreta, las ciencias y la tecnología,  de la praxis y el conocimiento que los propios ciudadanos tienen para aportarle a la transformación positiva de su propio entorno como al  país. Así como el actor político aporta su visión, esta es una más entre muchas otras visiones, pero se distingue por su capacidad de síntesis y por su capacidad de aprender y contribuir soluciones a los problemas de su época. En esa relación, estimula la capacidad de los ciudadanos a preguntarse y cuestionarse para buscar resolver las contradicciones del mundo concreto en el que interactuamos y el devenir del propio  pensamiento.

Para terminar, las TIC solo son facilitadoras de esa relación. El esfuerzo principal debe estar puesto en la recuperación y renovación de la política a todos los niveles.

Las tecnologías de información y comunicación podrán ser nuestras aliadas para las próximas décadas en la medida en que sirvan de medios para generar ideas, aprender y compartir lo que tengamos para compartir colectivamente en función de objetivos superiores a nosotros mismos. Para todo lo demás, ya hay de sobra.


Carlos Cerpa Miranda



*Ha sido miembro del Comité Central del PS de Chile en dos periodos consecutivos durante la transición; Concejal por la Comuna de La Pintana entre 1992-2000; Vicepresidente del Tribunal Supremo del PS de Chile entre 2005-2007.

Es experto en eLearning y Máster en Metodologías de Formación en Red, Universidad de Salamanca, España.





Santiago, Noviembre de 2015.

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