Introducción
Este es un texto que se ofrece para
la discusión. Se plantea hacer una reflexión acerca de la época que nos toca vivir en términos de las
profundas implicancias para las relaciones sociales, económicas, y también
políticas que vienen derivándose de la irrupción de Internet y consiguientemente
de los inmensos desafíos teóricos, ideológicos y políticos de cara al futuro, que este cambio de época
nos plantea a quienes abrazamos ideas
democráticas y transformadoras.
A través de este texto
entonces, buscamos incorporar al debate
el efecto de Internet en especial desde sus aristas de las Tecnologías de
Información y Comunicación más conocidas como TIC y las plataformas de
aprendizaje de uso cada vez más
corriente en la educación y el mundo del trabajo. Algunas de estas ideas han
sido publicadas en la forma de artículos en la página Web “El Quinto Poder”, de
la fundación que lidera el ex presidente Ricardo Lagos, y que ahora en este
ensayo se desarrollan algo más en extenso.
La parrilla de servicios de
Internet es ciertamente infinitamente mayor al foco que acá desarrollamos.
Desde luego, abundan los usos y actividades electrónicas tales como realización de trámites en línea
público-privado, comercio electrónico, transacciones bancarias, entretenimiento
y varias formas de comunicación a través de
múltiples herramientas digitales. Pero también irrumpe en las ciencias
médicas a través de la robótica y la nanotecnología, la big data y su amplio campo de aplicación,
la misma Internet de las cosas, y una infinidad de actividades productivas y de
servicios hoy crecientemente asumidas por computadoras. Ya casi no existe
actividad humana sin sustento en Internet y la tecnología digital.
Estar o no Estar Conectado
Más que un problema binario, de estar o no estar
conectado, Internet y su amplia parrilla de servicios se han vuelto un elemento
central para alcanzar desarrollo económico, bienestar social y una ventana al
conocimiento, rasgo distintivo de nuestra época. Pero como veremos más
adelante, también refleja la exclusión.
Sea cual sea el modo en que nos relacionemos con Internet, es decir, ya sea para vender productos y transar en los
mercados, para formar y capacitar,
trabajar y prestar servicios, investigar, jugar y entretenerse, o una
combinación de algunos o todos ellos, incluyendo su lado menos amable, es decir,
aquel que crecientemente empieza a
aparecer en los medios de comunicación masiva y que se refiere al uso
que hace la delincuencia para cometer
ilícitos; o aquel otro que refiere a la utilización de la data acumulada en
Internet para usos indebidos de la información privada de las personas; en fin,
el conjunto de actividades propiamente humanas, lo distintivo de la era digital que vivimos es que, para bien o
para mal, forma ya parte de nuestro paisaje.
Los dispositivos digitales avanzados tanto como los
servicios que nos provee Internet, modifican comportamientos productivos,
sociales y relacionales de modo muy profundo.
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Es tal su nivel de penetración
en la sociedad y en nuestras vidas, que algunos
expertos de la neurociencia nos señalan que incluso el cerebro humano asiste también
a un nuevo tipo de configuración o “cableado” como consecuencia del uso de
dispositivos digitales avanzados. Esta reconfiguración de nuestro cerebro ocurriría de modo más radical y profundo a
aquellos impactos producidos en éste a raíz de innovaciones tales como la
invención del teléfono, la radio y la televisión que caracterizaron a nuestra
civilización hace solo unas cuantas décadas.
Vivimos sin duda en medio de cambios
profundos. Pero a diferencia de otras revoluciones, cuyos adelantos tardaban
décadas e incluso siglos en hacerse presentes en los confines del planeta, las transformaciones impulsadas por Internet,
al decir de Castells, ocurren en tiempo
real y a nivel planetario.
Los
dispositivos digitales avanzados tanto como los servicios que nos provee
Internet, modifican comportamientos productivos, sociales y relacionales de
modo muy profundo. Digamos que así como Internet democratiza la información, así
también su sobreuso genera tecnodependencia, aislamiento y pérdida de habilidades sociales que son características
propias del tipo de relación humana cara a cara.
La
relación de la persona con su entorno también pudiera verse afectada a causa
del uso ilimitado de dispositivos digitales avanzados. ¿Quién no ha visto
personas al borde de ser atropelladas producto de ir chateando en plena vía
pública? ¿O conductores manejando y simultáneamente hablando por su celular
arriesgando su propia integridad y la de los demás? La tendinitis es bien
conocida en las empresas a consecuencia del uso prolongado de la computadora y
la multitarea y el bullying digital comienza a ser crecientemente conocido en los
adolescentes.
Desde
esta visión, si bien existe abundante literatura respecto al profundo impacto
que Internet tiene sobre nuestras vidas, las relaciones sociales y la economía,
dejamos patente la necesidad de encontrar un equilibrio en su uso, algo que los
desarrolladores de tecnología digital y principalmente las empresas de
telecomunicaciones, dejan al arbitrio del mercado y los consumidores aunque ya
comienzan a aparecer evidencias de efectos no deseados producto de su uso
intensivo. Revelador es al respecto el trabajo del Dr. Gary Small en su libro El
Cerebro Digital, mientras que en nuestra
vida cotidiana abundan las evidencias respecto a la utilización de la
red para reproducir en ella las miserias
de nuestra especie.
Personas y Organizaciones en RED
Pero
no nos equivoquemos. Si bien es necesario intentar hacer un esfuerzo
intelectual para mostrar a Internet tal cual existe en la realidad, sus
beneficios son infinitamente mayores a sus zonas grises.
Dicho
lo anterior, conocidos son los efectos en nuestro diario vivir, cuando no
disponemos de servicios que proveen los cajeros automáticos. Preguntémonos, por
otro lado, qué haríamos sin correo
electrónico en los tiempos que corren y qué sería de las organizaciones sin una
Intranet corporativa que les ayude a articular la comunicación en su interior. Los más osados, encontrarían
severas dificultades para comunicarse sin contar con WhatsApp o Instagram.
En los tiempos que corren, es un hecho cada vez más
extendido que las empresas y
organizaciones modernas de hoy, utilizan
Intranets corporativas u otros recursos en la forma de páginas Web para transmitir y comunicar datos e información, para consumo interno.
Más allá incluso del ámbito propiamente
comunicacional, las organizaciones de
hoy se ven enfrentadas a la necesidad de contar con capital humano
especializado en el manejo de las
tecnologías de información –TI- para cubrir funciones sustentadas
crecientemente en tecnología . Ya sea que se trate de procesos productivos
duros o de servicios, las organizaciones
de hoy no pueden eludir el escollo tecnológico digital si es que desean
sobrevivir.
Tampoco si necesitan darse a conocer. A poco andar, inexorablemente
llegan a la conclusión de tener que contar con una página Web o un Blog, mejor
si hipervinculados a Redes Sociales.
Tanto como la forma en que se distribuye la
información, en esta era, llamada por algunos Sociedad de la Información y por
otros Sociedad del Conocimiento, de la utilización de estos soportes digitales
surgen otras profesiones y oficios. Asistimos por consiguiente al nacimiento del trabajador
del conocimiento, aquel cuyo capital de trabajo para ganarse su sustento es el
conocimiento que aplica para agregar valor o crear algún producto o servicio
mediado por recursos digitales.
Revolución en las Comunicaciones
El impacto en las comunicaciones ha sido
enorme. Últimamente y como consecuencia
de los adelantos en el desarrollo de medios más interactivos, se empieza a
conocer Intranets que ofrecen espacios para que el trabajador comente la información que se le proporciona
en su ambiente de trabajo.
Al respecto, es nuestra tesis que si bien el
trabajador tiene acceso a más fuentes de información, y como hemos dicho, puede
formalmente comentarla, en términos reales y por motivos predominantemente culturales,
estos recursos son subutilizados.
Según esta interpretación, ello es debido a factores
culturales de tipo autoritario predominante en nuestra sociedad y en sus
tejidos sociales, que hace que en la mayoría de los casos la relación que se
establece en la virtualidad sea una réplica del tipo de relación vertical que
existe en la presencialidad. Si a esa cultura le agregamos modelos de gestión
con énfasis en el control, entonces la resultante
es la inhibición a la participación y a la apertura. De este modo, la
comunicación se desplaza desde los espacios formales a la comunicación
informal, o más en sencillo, se desplaza a los pasillos.
Asistimos por
consiguiente al nacimiento del trabajador del conocimiento, aquel cuyo
capital de trabajo para ganarse su sustento es el conocimiento que aplica
para agregar valor o crear algún producto o servicio mediado por recursos digitales.
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Así,
el usuario de hoy puede simultáneamente
escribir, leer, generar contenidos y distribuirlos. Pero también agregar nuevos
recursos y modificarlos. El efecto concreto de todo ello es que a través de
esta mediatización, la coordinación y la acción quedan puestas a la orden de un
click. Bien saben de estos asuntos las nuevas
generaciones a través de las Redes Sociales y dispositivos digitales avanzados.
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