martes, 17 de noviembre de 2015

Parte I. Intermediación Política y Participación Democrática en la Era Digital.



Introducción

Este es un texto que se ofrece para la discusión. Se plantea hacer una reflexión acerca de la época  que nos toca vivir en términos de las profundas implicancias para las relaciones sociales, económicas, y también políticas que vienen derivándose de la irrupción de Internet y consiguientemente de los inmensos desafíos teóricos, ideológicos y políticos  de cara al futuro, que este cambio de época nos plantea a quienes abrazamos ideas  democráticas y transformadoras.

A través de este texto entonces,  buscamos incorporar al debate el efecto de Internet en especial desde sus aristas de las Tecnologías de Información y Comunicación más conocidas como TIC y las plataformas de aprendizaje  de uso cada vez más corriente en la educación y el mundo del trabajo. Algunas de estas ideas han sido publicadas en la forma de artículos en la página Web “El Quinto Poder”, de la fundación que lidera el ex presidente Ricardo Lagos, y que ahora en este ensayo se desarrollan algo más en extenso.

La parrilla de servicios de Internet es ciertamente infinitamente mayor al foco que acá desarrollamos. Desde luego, abundan los usos y actividades electrónicas  tales como realización de trámites en línea público-privado, comercio electrónico, transacciones bancarias, entretenimiento y varias formas de comunicación a través de  múltiples herramientas digitales. Pero también irrumpe en las ciencias médicas a través de la robótica y la nanotecnología,  la big data y su amplio campo de aplicación, la misma Internet de las cosas, y una infinidad de actividades productivas y de servicios hoy crecientemente asumidas por computadoras. Ya casi no existe actividad humana sin sustento en Internet y la tecnología digital.

Estar o no Estar Conectado

Más que un problema binario, de estar o no estar conectado, Internet y su amplia parrilla de servicios se han vuelto un elemento central para alcanzar desarrollo económico, bienestar social y una ventana al conocimiento, rasgo distintivo de nuestra época. Pero como veremos más adelante, también refleja la exclusión.

Sea cual sea el modo en que nos relacionemos con  Internet, es decir, ya sea  para vender productos y transar en los mercados,  para formar y capacitar, trabajar y prestar servicios, investigar, jugar y entretenerse, o una combinación de algunos o todos ellos, incluyendo su lado menos amable, es decir, aquel que crecientemente empieza a  aparecer en los medios de comunicación masiva y que se refiere al uso que hace la delincuencia  para cometer ilícitos; o aquel otro que refiere a la utilización de la data acumulada en Internet para usos indebidos de la información privada de las personas; en fin, el conjunto de actividades propiamente humanas, lo distintivo de  la era digital que vivimos es que, para bien o para mal, forma ya parte de nuestro paisaje.
Los dispositivos digitales avanzados tanto como los servicios que nos provee Internet, modifican comportamientos productivos, sociales y relacionales de modo muy profundo.

Es tal su nivel de penetración en la sociedad y en nuestras vidas, que algunos expertos de la neurociencia nos señalan que incluso el cerebro humano asiste también a un nuevo tipo de configuración o “cableado” como consecuencia del uso de dispositivos digitales avanzados. Esta reconfiguración de nuestro cerebro  ocurriría de modo más radical y profundo a aquellos impactos producidos en éste a raíz de innovaciones tales como la invención del teléfono, la radio y la televisión que caracterizaron a nuestra civilización hace solo unas cuantas décadas.

Vivimos sin duda en medio de cambios profundos. Pero a diferencia de otras revoluciones, cuyos adelantos tardaban décadas e incluso siglos en hacerse presentes en los confines del planeta, las transformaciones impulsadas por Internet, al decir de Castells, ocurren en tiempo real y a nivel planetario.

Los dispositivos digitales avanzados tanto como los servicios que nos provee Internet, modifican comportamientos productivos, sociales y relacionales de modo muy profundo. Digamos que así como Internet democratiza la información, así también su sobreuso genera tecnodependencia, aislamiento  y pérdida de habilidades sociales que son características propias del tipo de relación humana cara a cara.

La relación de la persona con su entorno también pudiera verse afectada a causa del uso ilimitado de dispositivos digitales avanzados. ¿Quién no ha visto personas al borde de ser atropelladas producto de ir chateando en plena vía pública? ¿O conductores manejando y simultáneamente hablando por su celular arriesgando su propia integridad y la de los demás? La tendinitis es bien conocida en las empresas a consecuencia del uso prolongado de la computadora y la multitarea y el bullying digital  comienza a ser crecientemente conocido en los adolescentes.

Desde esta visión, si bien existe abundante literatura respecto al profundo impacto que Internet tiene sobre nuestras vidas, las relaciones sociales y la economía, dejamos patente la necesidad de encontrar un equilibrio en su uso, algo que los desarrolladores de tecnología digital y principalmente las empresas de telecomunicaciones, dejan al arbitrio del mercado y los consumidores aunque ya comienzan a aparecer evidencias de efectos no deseados producto de su uso intensivo. Revelador es al respecto el trabajo del Dr. Gary Small en su libro El Cerebro Digital, mientras que en nuestra  vida cotidiana abundan las evidencias respecto a la utilización de la red para reproducir en ella las  miserias de nuestra especie.

Personas y Organizaciones en RED

Pero no nos equivoquemos. Si bien es necesario intentar hacer un esfuerzo intelectual para mostrar a Internet tal cual existe en la realidad, sus beneficios son infinitamente mayores a sus zonas grises.

Dicho lo anterior, conocidos son los efectos en nuestro diario vivir, cuando no disponemos de servicios que proveen los cajeros automáticos. Preguntémonos, por otro lado,  qué haríamos sin correo electrónico en los tiempos que corren y qué sería de las organizaciones sin una Intranet corporativa que les ayude a articular la comunicación en su  interior. Los más osados, encontrarían severas dificultades para comunicarse sin contar con WhatsApp o Instagram.

En los tiempos que corren, es un hecho cada vez más extendido que  las empresas y organizaciones modernas  de hoy, utilizan Intranets corporativas u otros recursos en la forma de páginas  Web para transmitir y comunicar datos  e información, para consumo interno.

Más allá incluso del ámbito propiamente comunicacional, las organizaciones  de hoy se ven enfrentadas a la necesidad de contar con capital humano especializado en el manejo  de las tecnologías de información –TI- para cubrir funciones sustentadas crecientemente en tecnología . Ya sea que se trate de procesos productivos duros  o de servicios, las organizaciones de hoy no pueden eludir el escollo tecnológico digital si es que desean sobrevivir.

Tampoco si necesitan darse a conocer. A poco andar, inexorablemente llegan a la conclusión de tener que contar con una página Web o un Blog, mejor si  hipervinculados a Redes Sociales.

Tanto como la forma en que se distribuye la información, en esta era, llamada por algunos Sociedad de la Información y por otros Sociedad del Conocimiento, de la utilización de estos soportes digitales surgen otras profesiones y oficios. Asistimos  por consiguiente al nacimiento del trabajador del conocimiento, aquel cuyo capital de trabajo para ganarse su sustento es el conocimiento que aplica para agregar valor o crear algún producto o servicio mediado por  recursos digitales.   
  
Revolución en las Comunicaciones

El impacto en las comunicaciones ha sido enorme.  Últimamente y como consecuencia de los adelantos en el desarrollo de medios más interactivos, se empieza a conocer Intranets que ofrecen espacios para que el trabajador  comente la información que se le proporciona en su ambiente de trabajo.

Al respecto, es nuestra tesis que si bien el trabajador tiene acceso a más fuentes de información, y como hemos dicho, puede formalmente comentarla, en términos reales y por motivos predominantemente culturales, estos recursos son subutilizados.

Según esta interpretación, ello es debido a factores culturales de tipo autoritario predominante en nuestra sociedad y en sus tejidos sociales, que hace que en la mayoría de los casos la relación que se establece en la virtualidad sea una réplica del tipo de relación vertical que existe en la presencialidad. Si a esa cultura le agregamos modelos de gestión con énfasis  en el control, entonces la resultante es la inhibición a la participación y a la apertura. De este modo, la comunicación se desplaza desde los espacios formales a la comunicación informal, o más en sencillo, se desplaza a los pasillos.

Asistimos  por consiguiente al nacimiento del trabajador del conocimiento, aquel cuyo capital de trabajo para ganarse su sustento es el conocimiento que aplica para agregar valor o crear algún producto o servicio mediado por  recursos digitales.
Sean cuales sean los motivos, la evolución de Internet y de su parrilla de servicios ha pasado de un estadio de desarrollo en el que se podía estar solamente “informado” con reducidos niveles de interacción, a otros altamente interactivos en el que además de informarse ahora es posible generar información y comunicarla.


Así, el usuario de hoy puede simultáneamente escribir, leer, generar contenidos y distribuirlos. Pero también agregar nuevos recursos y modificarlos. El efecto concreto de todo ello es que a través de esta mediatización, la coordinación y la acción quedan puestas a la orden de un click. Bien  saben  de estos asuntos las nuevas generaciones a través de las Redes Sociales y dispositivos digitales avanzados.




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